Recuerdo de Eric Rohmer

Eric Rohmer sexy

Siempre pensé que los directores que pertenecieron a ese mítico movimiento llamado Nouvelle Vague gozaban de una suerte de inmortalidad. Casi todos siguen vivos y, lo que es mejor, en activo, y, lo que ya es la repanocha, haciendo películas superiores a la media.

Sólo se nos fue Truffaut, demasiado pronto, por mucho que sus detractores argumenten que estaba acabado, y el pobre Jacques Demy, del que nadie se acuerda porque:

  1. Hacía comedias musicales, género denostado entre la cinefilia más circunspecta.
  2. Siempre permaneció a la sombra de su esposa, la gran Agnès Varda.
  3. No pertenecía realmente a la Nouvelle Vague, pues no tuvo nada que ver con los dichosos Cahiers du Cinema, al igual que Resnais o Marker.

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Cualquiera de las tres respuestas anteriores es la correcta. El caso, se nos ha muerto Eric Rohmer, autor de ‘La rodilla de Clara’, ‘Pauline en la playa’ o ‘Mi noche con Maud’. Este señor es el máximo exponente de lo que el espectador medio cree que es el cine francés.

O sea, diálogos pretenciosos, acción prácticamente inexistente y personajes enfrascados en búsquedas existenciales que nada tienen que ver con explosiones, tiroteos o sexo gratuito. Bueno, alguna vez cae una escena de cama.

Eric Rohmer recuerdos

Esos seres que se atreven a afirmar cosas tan feas tienen razón. Porque en las películas de Rohmer todo es bla bla bla, blu blu blu y, al final, alguien le toca la rodilla a alguien.

Ayer murió todo el cine francés. Descanse en paz.

Nota: este prematuramente envejecido texto fue escrito en 2010 con motivo del fallecimiento de Eric Rohmer.